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Como testimonio del vínculo entre Neruda y la editorial, hemos seleccionado la transcripción del discurso con el que el Poeta, el 12 de noviembre de 1970, inauguró la exposición “Homenaje al Libro y a Alberto Tallone”, en la Biblioteca Italiana de Santiago de Chile.   

Homenaje al libro y Alberto Tallone (1970)

Hablando de Gutenberg y de la invención de la imprenta, Lamartine tuvo una bella frase: “La imprenta es el telescopio del alma…”. Telescopio que se nos comunica a nosotros los hombres con el secreto pensamiento del pasado,  con la actividad del presente y el misterio del futuro.

Estos libros que se llaman “de lujo”, que muchas veces tenemos la inclinación de condenar porque parecen ser solo para unos pocos, no obstaculizan en absoluto la difusión libro popular, que se imprime en millones de copias, que recorre todos los caminos y que ingresa a todas las casas y que en su recorrido refleja el gran trabajo errante del pensamiento.

Pero está la tradición del libro hermoso, del bello libro, de la obra perfecta en el libro, como la hay en la pintura y en la escultura. Obra del hombre, a quien muchos y maravillosos artistas han dedicado su vida. Entre estos estuvo Tallone de Italia.

Tallone de Italia, para muchos de ustedes es sólo un nombre; para mí significa muchísimos recuerdos. Le admiré desde antes de conocerlo: sus hermosos libros, su inmaculada tipografía creada por el mismo; como Gutenberg también creó sus copias tipos y nunca pensé que la vida me daría tan alto honor de ver mis obras impresas por el.

Algunos fueron impresos por él mismo. Y así fue que un día recibí invitación suya. Vivía cerca de Turín, “presso Torino”, en Alpignano. Hasta allí llegamos y bajamos del tren con Matilde. Sabía donde estaba la casa, pues el impresor me había señalado: está por este lado de la ferrovía. Llegamos, pero de pronto me sentí confundido, porque no podía ser: había una locomotora con vagones y la locomotora estaba echando humo.  Entonces, le dije a Matilde: “Nos equivocamos, esta es la estación del pueblo”.

No señor! Entre otras cosas, el gran Tallone coleccionaba trenes y había encendido la locomotora para que el humo me indicara su casa desde lejos.

Pasé a la luminosa sala clara donde trabajaba, era un inmenso taller, con una reproducción casi exacta de la imprenta de Gutenberg. Las grandes mesas, las imprentas que pasan de mano en mano, depósitos del fragante papel maravilloso que produce Italia.

Y luego la conversación, con la cordialidad del vino, el blanco vino de la región de Turín. Pero sobretodo su amor por la tipografía, su inmensa vocación de impresor, su dedicación absoluta a cada una de las páginas de sus libros, era eso lo que iluminaba a Tallone y que irradiaba desde el alma.

Aquella luz europea se apagó, aquel humanista nos dejó hace poco tiempo, dejando inconcluso un libro que escribí especialmente para él, La Copa de Sangre.

Bianca Tallone me ha escrito, “Alberto nos ha dejado, pero yo terminaré su libro y continuaré con la imprenta de Tallone en Alpignano. Me siento responsable de este edificio de belleza, de este taller destinado a la calidad”.

Tallone, entre tantos maestros de la tipografía, era el más brillante, el más clásico, el más riguroso, el más exigente. El mínimo defecto era un pecado para sus ojos, una herida imperdonable que resaltaba en la línea impresa.

Algunos de mis libros estaban por seis meses en su oficina, porque un solo acento estaba inclinado de una manera diferente de la que debía tener y debía volverlo a su posición verdadera.

La dedicación, el decoro, la belleza suprema de sus libros son algo impresionante. Imprimió todos los clásicos italianos y muchos de los grandes poetas de Francia, como Ronsard. Pero fue al imprimir los grandes italianos, desde Dante hasta Machiavelo, de todos los ramos de la maravillosa literatura de Italia, en donde él alcanzó su mayor excelencia.

Aquí, pues, dejo entre ustedes un nombre inolvidable para mí, que ahora nos ilumina con su obra.

PABLO NERUDA
Santiago de Chile, 12 noviembre 1970

Pablo Neruda, Enrico Tallone, su padre Alberto Tallone y Matilde Urrutia, en Alpignano, 1967.

Enrico, Elisa y Eleonora Tallone en París.

Entrevista a Alberto Tallone (1966).