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Pablo Neruda con el dramaturgo norteamericano Arthur Miller (New York, 1966).

Licenciada y Magíster en Literatura. Egresada de Derecho. Diplomada en Administración Cultural. Escritora y Editora.

Fulgor y muerte de Joaquín Murieta (1966)

Cuando se conmemora un personaje destacado, sobre todo si es un gran escritor, pintor o músico, normalmente se realizan diversas actividades y se reconsidera su obra desde otras perspectivas, que dan nuevas luces para su comprensión y actualizan su aporte. Precisamente, la conmemoración de los 50 años del Premio Nobel de Literatura -conferido a Pablo Neruda en 1971- es una invitación a releer, estudiar y analizar su obra, para luego poner en valor aquellas que lo ameritan.

En el contexto de la amplia creación nerudiana, esta pieza resulta particularmente interesante: se trata de una obra dramática llevada al teatro y la ópera, que el propio Pablo Neruda definió así: “Esta es una obra trágica, pero también, en parte está escrita en broma. Quiere ser un melodrama, una ópera y una pantomima.” Si bien es comprensible que el estudio de su extensa y profunda obra poética ocupe casi todos los artículos académicos y libros dedicados a su creación literaria, es de justicia también tomar en consideración esta obra en particular.

En 1966, Pablo Neruda publicó su única obra dramática con la Editorial Zig-Zag, que lanzó su primera edición con un tiraje de 10.000 ejemplares, de los cuales mis padres -grandes lectores- adquirieron el n°7.076, que conservaron en su biblioteca. En 1967, se presentó como obra teatral por primera vez en el Teatro Antonio Varas. Luego, Neruda encargó la música al compositor Sergio Ortega, quien trabajó desarrollando las ideas estéticas del texto. En cuanto ópera, fue estrenada en el Teatro Municipal de Santiago, en 1998.

La obra, ambientada en 1850 durante la fiebre del oro, comienza en Valparaíso cuando Joaquín Murieta se embarca rumbo a California, buscando un destino mejor. En el trayecto, se casa con Teresa, chilena proveniente del campo. Es un matrimonio por amor, que legítimamente desea formar una familia. Sin embargo, al llegar a California, los “galgos” (norteamericanos) violan y matan a Teresa. Esta experiencia provoca un dolor insondable en Joaquín Murieta, quien responde con furia, transformándose en un famoso bandido motivado por la venganza, hasta que le dan muerte.

Desde la perspectiva de dramática, en primer lugar, advertimos que es una obra que responde a la estructura tradicional planteada por Aristóteles en La Poética, de manera que sus códigos estéticos (la unidad de acción, presencia de peripecia, anagnórisis, etc.), resultan legibles por un público culto internacional.

Al estudiar la obra con el método de análisis de las situaciones dramáticas, establecido por Etienne Souriau en Le 200.000 situations dramatiques, responde a cabalidad con la fuerza orientada, bien deseado, obtenedor deseado, opositor, ayudante y árbitro, es decir, las seis fuerzas abstractas que participan en la tensión dramática que se resuelve al final, inmediatamente después del clímax.

En segundo lugar, abordamos el nivel de los símbolos y motivos. En cuanto a los símbolos, el mar es el principal, que se complementa con el barco. En esta travesía que es la vida, encontramos una galería de personajes diversos.

Respecto a los motivos literarios, como sabemos, tienen dos acepciones: como elementos que mueven la acción dramática (por cuanto motivo proviene del latín muovere) y también como elementos recurrentes de la obra. Ahora bien, en este caso particular, en su primer sentido, encontramos el amor, codicia, el destino y, en su segundo sentido, encontramos el viaje, la amistad, la venganza. Estos y otros elementos se van entrelazando de tal manera en torno a un eje central, que determina, en última instancia, el tema: la eterna lucha del bien y el mal, se cruza toda la historia.

En tercer lugar, la prueba de fuego de toda obra literaria, es el tiempo. En este caso, aún mantiene su vigencia en la dualidad tradición-innovación. En efecto, nuestro poeta y dramaturgo reúne elementos del teatro griego, como la presencia y el rol del coro al interior de la estructura dramática, así como el destino trágico del protagonista y lo matiza con elementos del teatro No que vio en Yokohama; todo esto, ambientado en el barco y después en la ciudad de San Francisco, California en 1850. Ciertamente, el resultado es original y bien logrado. Han pasado más de 50 años, sin embargo, esta pieza todavía está plena de sentido, mantiene su vivacidad y es portadora de un mensaje siempre vivo.

Sobre la base de lo expuesto anteriormente, podemos afirmar que esta, la única obra dramática de Neruda, tiene varios planos de sentido: literal, simbólico y mítico, pues al convertir a Joaquín Murieta en un héroe trágico y elevarlo a la categoría de mito chileno, lo situó en un ámbito abstracto y perenne.

Esta obra es clave para afirmar que Neruda fue un escritor completo, por cuanto cultivó los géneros lírico, narrativo y dramático, siempre con diferentes matices, talento y gran sensibilidad. También poseía conocimiento de la tradición literaria y sabía cómo actualizarla con su impronta, lo que le permitió ser parte del panteón de la literatura mundial.